EX ALUMNO AMANTE DEL CIRCO COMO DON BOSCO

“Egresó del IDB en el año 2013, y hoy se dedica a lo que más le apasiona… El Arte Circense”

 

Fernando González Bahamóndez es magallánico, tiene 20 años y cuando solo tenía 6 comenzó a transitar por el camino del circo. El malabarismo fue una herramienta práctica para liberar la energía que desde tan pequeño lo caracterizó y que en la escuela- lejos de ser un motor creativo- parecía ser un problema.

Recuerda que su primer maestro se llamó Holofernes Noria. Luego, y de forma autodidacta, comenzó a estudiar y practicar. Se cambió de colegio y en el Instituto Don Bosco de Punta Arenas conoció a quienes serían sus compañeros en una ruta de búsquedas que les permitirían involucrarse más con las formas y el sentido del circo contemporáneo.

Paralelo a ese proceso, Fernando comenzó a participar como voluntario del Festival de Artes Cielos del Infinito en su cuarta versión, junto a sus hermanos Pilar y Sebastián, y a su prima Catalina, quienes se convirtieron en pilares fundamentales del equipo de producción en terreno del evento.

“Para mí Cielos del Infinito ha sido clave para abrir más la mente en lo que respecta a explorar el circo, me ha dado herramientas a través de talleres y experiencias, pero principalmente contactos y vínculos con personas del mundo del circo”, dice González, quien es claro al expresar que desde muy pequeño siempre supo que ese era su horizonte.

En la séptima versión de Cielos del Infinito fue incorporado al equipo de técnicos y realizadores escénicos del festival en el marco de una práctica profesional, donde colaboró en la producción técnica de la compañía francesa de circo My! Laika, con el espectáculo “Pop Corn Machine”, entre otros.

Cuenta que talleres que tomó en Punta Arenas como el de tela y mano a mano, realizados por Daniela Oyanedel y Salvador Abarca, o el de malabarismo con Carlos Muñoz (“Sombra”) le permitieron perfeccionar la técnica. Sobre conocer al chileno Tuga, a los daneses de Klimt y a los franceses de My!Laika, dice que fue “alimentarse de circo contemporáneo y adquirir conocimientos desde enfoques muy distintos.  Abordar el absurdo y desde allí abrirse a otras ideas incorporando aprendizajes nuevos a mis ideas propias, además de orientarme a investigar en el movimiento en el suelo, la improvisación y la danza”.

 

Pasante en la Carpa Azul de Valparaíso

Actualmente Fernando González está en Valparaíso realizando una pasantía artística en la Carpa Azul de la ciudad puerto, gracias a una beca concursable (Fondart). “La idea de la pasantía nace del deseo de conocer más. El circo ha tomado mucha fuerza estos últimos años y pienso que más allá del trabajo que estamos haciendo con los chicos (Daniel, Fernando T, Alonso y Jorge) en Punta Arenas, es necesario aprender más”, explica.

La pasantía consiste en perfeccionarse con Luciana Mosca, una maestra de circo argentina que vive en Valparaíso, a quien Fernando describe como “una persona muy exigente; ella es como una mamá del circo. Es motivada y eso hace que uno también sea muy motivado, es seca”.

Según cuenta Fernando, Luciana pidió la carta a la Carpa Azul, quienes accedieron a darle el apoyo necesario para hacer el plan de entrenamiento y formular el Fondart de perfeccionamiento en técnicas de acrobacia aérea. “Yo tenía la necesidad de pasar por el centro y conocer, así como ahora tengo la necesidad de salir del país y seguir creciendo”, comenta.

La experiencia con Luciana Mosca ha sido muy gratificante para el magallánico, quien precisa que al inicio estaba dedicado principalmente a la tela, pero que con el tiempo se ha permitido aprender otra técnica, el mastro chino. “Encontré que podía desenvolverme mejor con mastro chino, principalmente porque me permite crear con la energía que tengo y con mayor libertad. También estoy trabajando mucho acrobacias de suelo, especialmente el equilibrio de manos”, agrega.

Este fin de año, el término de la pasantía estará marcado por la creación de un número propio que le permitirá cerrar este proceso e iniciar la etapa de postulación a escuelas internacionales de artes circenses. Él espera viajar a estudiar a Canadá.  “Tengo muchas ideas en la mente, aún no muy concretas pero todo el rato allí hay elementos de la identidad o del territorio magallánico”, argumenta.

Mirando con la distancia propia que hoy tiene, tanto geográfica como de edad, Fernando dice que recuerda que de niño, cuando viajaba algún artista circense a la ciudad a realizar talleres profesionales, cambiaba el ánimo y la energía de todos los que hacían circo en Punta Arenas.

“Antes de irme, me gustaría hacer -a modo de retribución- un seminario en Punta Arenas. Y por supuesto, después de estudiar y tener distintas experiencias pienso en volver a hacer cosas a la región. Hay mucho por hacer allá y eso es algo pendiente. Creo que esa también es parte de la labor del artista, crear, viajar mucho para aprender y volver al lugar donde uno se formó para poder aportar al circo regional”, concluye.

Ver Imágenes (Alejandro Délano)

Fuente Festival Cielos del Infinito (Lorena Álvarez)