NUEVO INSPECTOR: “LA INSPECTORÍA VIENE HACIENDO UN CAMINO QUE VAMOS A CONTINUAR”

Era sábado por la mañana cuando el P. Carlo Lira recibió la llamada del Rector Mayor de los Salesianos. Contestó, pero no pudieron dialogar inmediatamente porque se encontraba predicando retiro a las integrantes de Encuentro de Mamás en el Espíritu (EME). “Me desocupé como a las 12 del día; fui a mi oficina para llamarlo, entonces me dijo que los hermanos habían indicado mi nombre; partió diciéndome: ‘No me contestes nada ahora, volveré a llamarte después; en este momento quiero que lo pienses, disciernas, reces; si quieres puedes llamar a tu confesor o a tu director espiritual… con toda libertad me puedes decir sí o no; no te quiero forzar a nada’”.

El P. Carlo estaba recibiendo la noticia de su nombramiento como nuevo Superior Provincial de los Salesianos en Chile, o Inspector, como solemos llamarle, servicio de animación y gobierno que comenzará a ejercer a partir del sábado 27 de enero de 2018. “En ese minuto a uno le bajan los nervios al pensar inmediatamente en las propias limitaciones... luego, rezando con el Señor, hablando con las personas que a uno lo conocen bien, me pregunté ‘¿Tienes alguna razón para decir no? ¿Algún impedimento?’ Cuando hice mis votos como religioso, le prometí al Señor que no cuestionaría al superior en las decisiones que tomara conmigo. Nunca le he dicho no a un superior, aún en las obediencias donde me he resistido interiormente. Aprendí que hay que entregarse, porque allí, donde hubo resistencia de mi parte, siempre ha terminado siendo una bendición”.

Florecí como persona en el Salesiano

El P. Carlo nació el 15 de enero de 1969, en Viña del Mar. Hasta los 21 años de edad creció y se formó en Valparaíso. Comenzó estudiando en el colegio de los Sagrados Corazones, pero la fuerte crisis económica que azotó al país a principios de la década de los 80’, obligó a sus padres a buscar otra casa de estudios para él. “El colegio que en esas nuevas condiciones permitía a mis papás seguir una línea de formación para mí en cuanto a la fe, eran los Salesianos. Y fue una bendición, porque realmente florecí como persona en el Salesiano. Encontré ahí mi casa, un ambiente que me potenció positivamente; encontré a los salesianos que eran personas muy cercanas, jugaban en el patio, una cosa que me llamó mucho la atención, eso me marcó positivamente”.

Cariño y tonalidad de fe

El ambiente que vivió dentro de su núcleo familiar fue de sencillez, protección, afectividad y mucho cariño, todo ello en un clima muy marcado por la experiencia de fe de sus padres, Carlos y Anita. Es el primero de los cuatro hijos de la familia. Le siguen Anita, Caterina y Nicolo. “Creo que lo que da más seguridad en la vida, es el cariño de las personas. Fue una de las cosas que me marcó en mi familia y, lo otro, la experiencia de fe; mi mamá y mi papá eran muy creyentes y dieron esa tonalidad a su paternidad y a la relación con nosotros… El ejemplo de mi papá en cuanto a la confianza en Dios me marcó mucho; era un hombre que creía que Dios realmente actuaba en todo… Mi mamá, por su parte, muy devota, pero en la idea de ‘a Dios rogando y con el mazo dando’; era muy concreta. Me marcó mucho de ella su piedad; hasta el día de hoy no me cuesta rezar el rosario, la oración en la capilla, porque mi mamá es de ese tipo de relación con Dios”.

Abrir el corazón a la diversidad

Su familia le enseñó a cultivar el amor y el respeto mutuo dentro de un grupo muy numeroso. La abuela María, mamá de Carlos, su padre, tuvo 14 hijos, de quienes se cuentan 52 nietos. “Por ese lado somos una patota; los Lira, cuando nos juntamos, llegamos a ser unas 60 o 70 personas… Tenemos un temperamento fuerte, somos gritones; cuando nos juntamos se siente, se escucha… Mi familia me ayudó a abrir el corazón a la diversidad”.

La fuente de mi felicidad

Antes de iniciar la formación como Salesiano consagrado, el P. Carlo ingresó a la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso a estudiar Ingeniería Bioquímica, carrera que cursó hasta tercer año. Si bien, sintió el llamado a la vocación en la niñez, pensaba que su proyecto de vida estaba en el Matrimonio. “Era acólito en el colegio y me encantaba la celebración eucarística.

En ese minuto me pregunté si es que me gustaría ser sacerdote y dije, podría ser. Después vino la adolescencia y dije no; no me imaginaba una vida  sin tener alguien a mi lado… Ya en la universidad la cosa fue decantando más profundamente porque la inquietud no pasaba, ese deseo de dar más, de sentirse interpelado por los jóvenes... sentía que la fuente de mi felicidad estaba en mi relación con Dios. Lo que a mí me hacía pleno, gozoso, expansivo, mi personalidad se debía a ello y quería transmitirlo, pero nunca pensé en la vida religiosa. Al principio miré hacia el servicio público, a la política; fui Vicepresidente de la Facultad de Ingeniería de la Universidad en los años en que estábamos por recuperar la democracia; voté por primera vez el 89’; me acuerdo que fui de terno para votar por el NO. Sentía que por ahí podía hacer un camino, pero después Dios siguió poniendo la inquietud que cada vez se hacía más fuerte y, claro, no podía negar que había algo que me decía no es solo cuestión de hacer, sino de ser”.

Clima de silencio para que Dios hable

Gracias a un retiro en el que vivió los Ejercicios Espirituales de San Ignacio -invitado por sacerdotes del oratorio de San Felipe Neri- se convenció de dar respuesta definitiva a la llamada que el Señor le estaba haciendo. “Hice un ejercicio de silencio; no lo había hecho nunca, quedarme callado una semana, imagínate lo que significaba eso para mí… Una vez que entras en clima del silencio, la capacidad de escucha va creciendo y ahí Dios habló fuerte… me convencí de que la respuesta era esa... Mirando retrospectivamente me doy cuenta que la madurez necesaria para responder al Señor uno, a veces, no la tiene a los 15 o 17 años. Yo hasta los 21 no tuve los pantalones y la capacidad de mirarme a mí mismo, ser honesto y decir que, si es esto lo que quiere el Señor, atrévete”.

 

El P. Carlo ingresó al Prenoviciado el 4 de enero de 1990. Hizo su primera profesión como Salesiano el 30 de enero de 1992. Han transcurrido 25 años desde entonces, desde que iniciara su vida como hijo de Don Bosco. Profesó de forma definitiva los votos de obediencia, pobreza y castidad el 8 de noviembre de 1997. Fue ordenado sacerdote el 4 de noviembre de 2000. Estudió Teología y Pedagogía en la Pontificia Universidad Católica de Chile y obtuvo los títulos de profesor en Religión y Moral por la misma casa de estudios. Realizó los cuatro años del curso para docentes en Salesianidad del Centro de Formación Permanente de Quito, Ecuador.

Actualmente es el Director de la Obra Salesiana de Concepción, servicio que desempeña desde 2015 y que continuará hasta asumir su rol de Inspector, en enero del próximo año. Antes se había desempeñado como Delegado Inspectorial de Pastoral Juvenil, entre 2013 y 2014. Previo a eso fue Director del Posnoviciado de Lo Cañas, entre 2009 y 2012, casa cuya etapa formativa fue trasladada posteriormente a Córdoba, Argentina. Entre 2006 y 2008 fue Director de la Obra Salesiana de Valdivia -que a partir de este año inició una etapa de animación laical- y, previamente, se desempeñó como Coordinador de Pastoral en la obra Salesianos Alameda, entre 2002 y 2005. El primer año de sacerdote se desempeñó como asistente de pastoral en el Colegio El Patrocinio de San José. La etapa del tirocinio, que vive todo salesiano en formación en lógica de práctica pastoral, la realizó en Concepción. En dos períodos ha participado en el Consejo Inspectorial, grupo que colabora con el Inspector en la animación y gobierno de la Congregación en Chile. La primera vez fue convocado en 2008, cuando concluía su período de Director en Valdivia, hasta 2014. La segunda vez en 2017, servicio que también sigue desempeñando en la actualidad.

 

Vivir sin doble estándar

Su trayectoria de servicio y trabajo en la Inspectoría, tanto en las comunidades locales como en la animación inspectorial, le permite tener una mirada amplia del proceso que están viviendo los salesianos en Chile y del sexenio que está cumpliendo el P. Alberto Lorenzelli. “Tenemos que agradecer el hecho de que el P. Alberto llegara hasta nosotros, porque así lo quiso el Señor… Necesitábamos eso, que viniera alguien de afuera y nos ayudara… Yo creo que él ha ayudado en dos grandes cosas: primero, reordenar la situación de la vida religiosa, a exigir lo que debe ser un religioso salesiano y eso, claro, no es una tarea agradable… le puso el cascabel al gato a un cosa que era clave: no se puede vivir en la vida religiosa con doble estándar, no se puede compartir la vida con un hermano que no quiere vivir el mismo proyecto de vida. Y lo otro, muy importante, impulsó la resignificación, repensarse como Inspectoría, reubicarse, empoderar a los laicos en la gestión de las obras y darle un mayor énfasis a nuestra participación en la evangelización y en el acompañamiento, cuestiones que vienen pedidas por los Capítulos Generales, no es algo inventado por él, pero ayudó a reflexionar sobre ello y aplicarlo en la Inspectoría. Eso ha sido un enorme aporte”.

 

¿Cuáles son los caminos que considera debe recorrer la Congregación en Chile una vez que comience su sexenio?

No voy a inventar caminos nuevos; mi idea es continuar lo que venimos discerniendo en comunión. El proceso de resignificación que traemos entre manos nos tiene que seguir orientando; las asambleas, los capítulos nos han dado las pautas por dónde ir. Tenemos un Proyecto Orgánico Inspectorial y un Proyecto Educativo Pastoral Salesiano que nos orientan. En su momento habrá que renovarlos, ciertamente, pero vamos a ir en esa línea de continuidad. El inspector es aquel que está llamado a animar y convocar en torno a las decisiones globales, que no son fijadas solamente por él, sino discernidas en comunidad. Eso es lo que hace la Iglesia: discernir, orar, ponerse en perspectiva de aquello que quiere el Señor y, desde ahí, impulsamos. Al que le toque liderar, llevar adelante la comunidad, tiene que ser un fiel intérprete del discernimiento… No pretendo llegar a hacer una reforma radical porque la inspectoría viene haciendo un camino que vamos a continuar.

 

Un signo más del camino recorrido

P. Alberto Lorenzelli, Provincial actual, comparte su parecer respecto de este nombramiento:
Agradezco la disponibilidad y la obediencia religiosa del Padre Carlo. Desde ya prometemos acompañarlo en la oración, el cariño y la sincera colaboración para el bien de toda la Inspectoría, la Familia Salesiana y, en particular, de nuestros queridos jóvenes.
Su nombramiento es un signo más de cómo nuestra Inspectoría sigue adelante con su historia, con las tradiciones propias de un camino recorrido desde que llegaran a Chile los primeros salesianos misioneros, servicio y entrega que ha sabido de fortalezas y debilidades, de esperanzas y desafíos.

Habiéndolo conocido durante estos años que he estado en Chile, he sido testigo de sus dones de inteligencia, buen carácter y alegría, amor por la Congregación y buen espíritu salesiano.

Espero que en su nuevo servicio pueda inculcar en los hermanos la alegría de la vocación, el compromiso y el testimonio de nuestra fe y de nuestra consagración religiosa. Que pueda, también, impulsar con fuerza y energía nuestra misión en la Iglesia de Chile por los jóvenes, en particular los más pobres y necesitados.

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Fuente Comunicaciones Salesianos